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EL PAPEL DE LA FAMILIA EN EL JUEGO: UNA PARTE FUNDAMENTAL DEL DESARROLLO INFANTIL

Vivimos una rutina cada vez más rápida e inmediata, en la que las pantallas y las agendas llenas compiten por la atención de los más pequeños, siendo en muchísimas ocasiones el recurso de crianza y conciliación del que disponen las familias.

Pero, pese a todo, no debemos olvidar que el juego sigue siendo el idioma natural de la infancia. Jugar no es solo una forma de pasar el tiempo: es un proceso imprescindible para el desarrollo integral de los niños y niñas, con un impacto casi increíble en su salud física, cognitiva, social y, sobre todo, emocional, que serán en gran medida la base de su vida adulta.

En este escenario, con esta realidad a la vista, la familia no es nunca una mera espectadora del juego de los hijos e hijas, sino la protagonista de esos momentos junto a las criaturas.

Jugar es alimento emocional
A través del juego, los niños aprenden a conocerse, a gestionar sus emociones y a entender el mundo que les rodea y relacionarse con él.
Este proceso tiene aún más beneficios cuando la familia se implica:
– Se refuerza el vínculo afectivo familiar, base del restode relaciones afectivas.
– Los niños y niñas experimentan desde la seguridad emocional, por lo que exploran y asumen pequeños retos de un modo más tranquilo y seguro.

– Se genera un espacio de confianza para expresar miedos, frustraciones o alegrías. Para expresar intereses, tener ensayos y errores…

No es casualidad que cada vez más expertos afirmen que el juego es un factor protector de la salud mental (y física) en la infancia. Y con la implicación familiar en este proceso multiplica sus beneficios.

No solo la familia puede y debe intentar ser parte de los diferentes tipos de juego de sus criaturas, a veces siendo parte activa y otras facilitando la presencia que les aporta un contexto seguro, sino que también debe saber que este tipo de participación y presencia tiene múltiples beneficios emocionales.
Por un lado, refuerza la autoestima: la atención y el tiempo de calidad comunican “eres importante para mí”.
Tambien fomenta la comunicación: surgen conversaciones espontáneas y momentos de confianza.
Además, reduce el estrés: tanto en adultos como en niños, el juego libera endorfinas, emociona el cerebro y mejora el humor.
Y, por supuesto, da espacio para la gestión de emociones: ganar, perder, negociar y cooperar son aprendizajes clave para la vida.

La gran pregunta: Cómo encajar el juego en la rutina familiar
Nadie puede hacer milagros en los tiempos y la rutina de tu familia, pero sí que podemos ayudarte a implementar algunos tips importantes;
Reservar momentos diarios para jugar sin distracciones (móviles fuera).
Crear rituales semanales, como “la tarde del juego”, salidas en familia a lugares donde el objetivo sea estar juntos, construir historias aprovechando los desplazamientos del dia a dia…
Aprovechar las tareas domésticas para convertirlas en actividades lúdicas o momentos para prepararlas.
Respetar el tiempo libre no estructurado, sin actividades planificadas, y que sigue los intereses de cada uno.

Sobre el juego y la familia…
El juego no es un lujo o un capricho infantil, es una necesidad básica del desarrollo de niños y niñas. Y cuando la familia se convierte en compañera de aventuras y juegos, se construye un entorno emocionalmente seguro donde los niños crecen más felices, resilientes y conectados consigo mismos y con los demás.

En palabras sencillas: jugar juntos hoy es invertir en la salud emocional del mañana.

Bea Ayudaparafamilias.es

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