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5 señales para identificar un verdadero problema de sueño en niños (y no confundirlo con su desarrollo normal)

El sueño infantil cambia muchísimo durante los primeros años. Despertares nocturnos, siestas más cortas o a horas diversas, o resistencia a dormir son, muchas veces, parte del proceso natural de maduración del sueño. Pero es cierto que en ocasiones pueden ser una señal de un problema real que necesita atención.

Como padres, el reto está en no caer en el sobrediagnóstico, algo que es terriblemente difícil con la cantidad de mitos y creencias falsas que, en parte están sostenidas por la falta de comprensión sobre el desarrollo real de nuestras criaturas y la visión adultocentrista de cómo esperamos que sea. Y en parte por toda una corriente de supuestos expertos y expertas en sueño infantil que carecen de la información necesaria, pero de igual modo ofrecen intervenciones que pueden llegar a dañar la salud de tus hijos o retrasar diagnósticos que deben ser atendidos por otros profesionales.

Porque no, no todo se reduce a ventanas de sueño, rutinas y restricciones en la atención que les damos por las noches a los pequeños.
Y no, tampoco todo “mal dormir” (según la visión y necesidad adulta) significa un trastorno en el que debemos intervenir.

Aquí te dejo 5 tips para saber cuándo es momento de consultar con un profesional de verdad.

1. Despertares que afectan de forma constante su descanso y su estado de ánimo

Es normal que un bebé se despierte por hambre, sed, confort o cambio en el ciclo de sueño. Los adultos también lo hacemos.

Estos microdespertares son totalmente sanos, y cuando maduramos y nos sentimos en un entorno seguro ni los recordamos.
Entonces… ¿Cuándo hemos de prestarles más atención?

Cuando en un niño mayor de 3 años se producen periodos de vigilia múltiples veces cada noche y de forma habitual, y está irritable o somnoliento durante el día, puede ser señal de un problema.

 

2. Dificultad extrema para conciliar el sueño incluso con rutinas adecuadas

De entrada, es importante entender que lo que para una persona es una rutina de sueño estupenda, para otra puede no serlo. Ejemplo: la hora del baño.

Hay bebés que se relajan con el baño y eso les ayuda a ir introduciendo el momento de dormir. Pero para otros es una estimulación tan inmensa, que eleva sus niveles de alerta y actividad, impidiendo que entren bien en ningún tipo de ciclo de sueño. Revisa y evalúa vuestra necesidad.
Si, a pesar de tener horarios y rituales de sueño rutinarios y ajustados a tu peque y familia, tu criatura tarda más de 60 minutos en dormirse de forma habitual o necesita un movimiento intenso u otro estímulo importante y continuado durante ese o más tiempo para hacerlo, conviene evaluarlo.

 

3. Vigilias del sueño que interfieren con su desarrollo

Cuando la falta de sueño afecta su apetito, a su gestión emocional, capacidad de concentración, comunicación, habilidades sociales o aprendizaje, no estamos ante un simple “mal dormir” pasajero. Tenemos una criatura agotada que necesita poder descansar para que el cuerpo y la mente puedan reequilibrarse en salud.

 

4. Ronquidos fuertes o pausas en la respiración mientras duerme

Los sonidos fuertes e incluso ronquidos mientras duerme pueden tener origen en problemas respiratorios como apnea del sueño infantil, síndrome de respiración bucal u otras dificultades, y requieren consulta médica.
En estos casos no estamos solo frente a una falta de descanso, sino que hay que evaluar una posible dificultad que puede afectar a su salud a diversos niveles.

 

5. Retrocesos en la rutina o proceso de sueño que no vuelven a avanzar con el tiempo

Las regresiones de sueño son naturales y sanas. Con mucha frecuencia las familias consultan porque antes su peque dormía toda la noche y lleva una semana que se despierta. Eso no es en sí mismo un problema, más que por el cansancio que causa esos días en la criatura y la familia.
Las regresiones se pueden dar por crecimiento, aprwndizaje de nuevas habilidades, procesos emocionales, cambios de rutina o familiares o enfermedades.
Eso sí, si la alteración se mantiene durante varias semanas o meses sin mejoría pese a que no alteremos las condiciones óptimas de sueño, es mejor prestarle atención.

En conclusión:
El sueño infantil es un proceso en evolución, parte de nuestro desarrollo. Y el desarrollo no va únicamente en una dirección, sino que tiene idas y venidas que son necesarias para que se produzca de forma sana y adaptada a cada persona.
Antes de alarmarte, recuerda que las etapas de despertares y ajustes son parte de su maduración. Sin embargo, si notas señales persistentes como las que te he indicado, lo mejor es consultar a un especialista en sueño infantil (neurofisiología) para una valoración profesional.

 

 

 

 

 

Bea Ayudaparafamilias.es

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