RABIETAS Y BERRINCHES INFANTILES: LA EMOCIÓN A ENTENDER
Más que “un mal momento”
Los berrinches infantiles —también llamados rabietas— son episodios de alta intensidad emocional en los que una persona expresa su malestar mediante llanto, gritos, intensidad física o respuesta verbal que socialmente se puede considerar inadecuada.
Estos momentos se etiquetan como “mala conducta” o “capricho”, culpabilizando al niño o niña que lo vive, así como a su familia, a quien se le ve como consentidora de la situación.
Sin embargo, en realidad son una forma de comunicación mal entendida y con pocas herramientas, y también una oportunidad para practicar la gestión emocional tanto el adulto como el niño o niña.
¿Qué es realmente una “rabieta”?
Una rabieta es una explosión (y expresión) emocional causada por frustración, cansancio, hambre, sobreestimulación o necesidad de atención y conexión, que pueden tener su origen en múltiples causas no detectadas.
Es muy importante recordar que niños pequeños, el cerebro está en desarrollo intenso, especialmente la zona encargada de regular las emociones (corteza prefrontal), por lo que es normal que no sepan identificar, expresarlo que les ocurre y su origen, y menos aún gestionarlo por sí solos. Por lo que las rabietas son una consecuencia lógica y coherente de situaciones que les desbordan.
Por qué no caer en el error de reducirlo a “mala conducta” o «mal comportamiento»
En general, en nuestra sociedad tenemos una visión muy centrada en el comportamiento adulto que esperamos de los niños y niñas. Y cuando esta visión de túnel ocurre en el momento de una rabieta o berrinche, la explosión que supone esta rabieta se interpreta como algo negativo, incluso como un ataque. Un intento de manipulación por parte del pequeño hacia su familia o entorno.
Y entonces perdemos la oportunidad de:
– Comprender la emoción y necesidades que hay detrás.
– Fomentar la confianza y comunicación entre adulto y niño.
– Desarrollar juntos herramientas de autorregulación.
Recordemos: un berrinche no es una falta de respeto, no es un intento de dañar a los demás, sino que es una señal de que el niño necesita escucha y ayuda para manejar lo que siente.
Escucha y comprende a tu hijo o hija: el camino hacia la calma
La clave no está en apagar el berrinche, sino en apoyar. Esto significa:
1. Mantener la calma del adulto (lo se, no es fácil. Pero no podemos pedir a nuestros hijos cosas que no hacemos nosotros mismos)
Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Tu serenidad es su ancla.
2. Escuchar de forma activa y real antes de corregir (las palabras son solo una parte de lo que se comunica)
Validar y mostrar comprensión diciéndoles: “Veo que estás muy enfadado” o “Entiendo que esto te frustra” ayuda a que sientan que son escuchados y no deben luchar para poder ser arendidos.
3. Ofrecer seguridad, aportando el contacto que mejor haga sentir a ambos.
Darle la mano, un abrazo, sentarse a su lado o simplemente permanecer presente transmite seguridad. Nadie mejor que tú para saber el mejor modo de mostrarle que estás a su lado de verdad.
4. Ayudarle a poner palabras a sus emociones
Nombrar la emoción (“Estás triste porque querías seguir jugando”) o darle opciones para que pueda decir cual siente que encaja más en su sentir, le enseña a identificar y comunicar lo que pasa sin culpa y de forma libre.
Cómo prevenir y gestionar berrinches y rabietas
Todos tenemos momentos de intensidad emocional que no sabemos gestionar. Es normal.
No se trata de eliminar la emoción, sino de aplicar recursos que nos ayuden a apoyarle en una gestión que les permita sentirse mejor ahora y en el futuro. Algunos tips pueden ser:
– Rutinas predecibles y estructuradas adecuadamente o anticipación de las situaciones: reducen la ansiedad.
– Tiempo de presencia real diario: previene la necesidad de búsqueda de atención mediante la explosion.
– Entornos ajustados a las necesidades y realidades del niño o niña: intentar evitar la sobreestimulación, gestionar el ritmo de actividad diario…
– Modelado emocional: no se trata de decirles cómo gestionar las emociones, sino más de mostrar cómo gestionamos nuestras propias emociones.
Conclusión: de “berrinche” a oportunidad, un cambio de mirada necesario
Cambiar la mirada desde la culpa a la comprensión sobre las rabietas infantiles es fundamental para ayudar a que nuestros niños y niñas se sientan seguros, y aprendan a ser empáticos y resilientes.
Con escucha, comprensión y apoyo emocional, cada episodio de intensidad emocional que ahora llamamos rabieta deja de ser una batalla para convertirse en una lección de inteligencia emocional.
Bea Ayudaparafamilias.es
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