CRIANZAS DE ETIQUETA
Hace un tiempo que vengo observando la tendencia que tenemos a etiquetar a las personas por cómo actúan en determinadas circunstancias.
Desde el enfoque del etiquetado a la infancia no dejo de ver personas que se rebelan justamente hacia él, y otras de una forma quizás más desajustada porque se confunden, a mi humilde modo de ver, etiquetas perjudiciales con detección de necesidades.
Pero mi gran pregunta es: ¿y las etiquetas hacia las crianzas, maternidades y paternidades?
El respeto es un camino de doble vía
Para empezar, creo que deberíamos entender que el respeto nunca puede ser un camino de única dirección. Es decir, no podemos pedir respeto sin darlo, no podemos dar respeto y sentirnos bien con no recibirlo. Y no podemos hablar de respeto desde la ausencia del mismo en lo que decimos o desde dónde lo decimos.
Y ¿qué es importante para respetar algo o a alguien? Porque he escuchado muchas veces: “yo respeto cómo crían a su hijo, pero…” No, NO hay «peros». Si lo respetas, no existen peros. Sino, no lo estás respetando.
Entender el contexto y a las personas en él.
Lo primero para respetar a alguien es entender que es SU vida, SU crianza… y que si no conocemos y no entendemos su visión, su sentir, sus prioridades, su vivencia y lo que rodea su construcción vital, es IMPOSIBLE que podamos siquiera aproximarnos a su visión, motivos y expectativas.
Por ejemplo, categorizamos a unos padres como “helicóptero” sin conocerles de nada, solo por cómo se comportan con su peque en el parque.
¿Sabemos si esa criatura que juega en el parque vigilado por sus progenitores tiene, por ejemplo, un problema de salud que le pueda causar dificultades urgentes ante un golpe? ¿Conocemos el sentir de esa criatura y si, por algún motivo, requiere la presencia de sus padres para sentirse seguro? ¿Sabemos si es la primera vez que va a ese parque y necesita seguridad para relacionarse de un modo positivo con ese entorno en ese momento?
No. No sabemos nada, pero ahí estamos… juzgando y etiquetando.
Mundo respetuoso… ¿para quién?
Lo más curioso de este tipo de etiquetas que van surgiendo, si nos damos cuenta, es que suelen llegar precisamente de un sector de los profesionales de la crianza o de la población que promulga una mirada más respetuosa hacia las crianzas y sus necesidades.
Pero, curioso, ese respeto y esa escucha, parece no aplicarse a los adultos que ejercen la crianza de las criaturas.
No podemos hacer una crianza respetuosa de ninguna criatura si no damos ejemplo de respeto y si no nos sentimos respetados. Lo siento mucho, pero es así.