LA FAMILIA EN LA ATENCIÓN TEMPRANA
Recuerdo perfectamente la primera vez que llevé a uno de mis hijos a atención temprana. Se trataba de apoyar el desarrollo de la motricidad gruesa de mi hijo mayor, y frente a la inacción del sistema público de salud, decidí acudir a un profesional del sector privado (otro día hablamos de cómo las necesidades de apoyo en el desarrollo y la salud también se relacionan con la discriminación y la brecha económica)
En esas sesiones, la profesional que nos atendió contó conmigo como madre, escuchó las opciones que yo le daba, la información sobre mi peque, y pidió mi asistencia e implicación activa en las sesiones, algo que me sorprendió en ese momento del que hace ya 15 años. Sentí un claro trabajo en equipo y fui capaz de desarrollar mis propias herramientas de apoyo adaptadas posteriormente, tras las sesiones necesarias con ella.
Quizás esta experiencia, y ese modo de sentirme fue lo que me impulsó a la especialización en atención temprana desde educación infantil. Y desde ahí, nada fue igual.
Pero… ¿qué es la atención temprana?
Se denomina habitualmente atención temprana al conjunto de intervenciones profesionales especializadas dirigidas a apoyar y mejorar en su caso el desarrollo de las criaturas de 0 a 6 años que presentan dificultades en alguna de las áreas de desarrollo o riesgo de llegar a presentarlas.
La atención temprana no es una cura, sino acciones que, desde el conocimiento profundo y actualizado del desarrollo integral infantil y sus posibles retos, junto con el conocimiento del contexto y ambiente en el que crece cada peque, apoyan la potenciación de las capacidades de cada una de las criaturas con las que se trabaja.
En este sentido, el conocimiento, comprensión e integración de la familia son fundamentales para el trabajo profesional en el área de atención temprana.
¿Cuál es el papel de la familia en atención temprana?
La familia, para comenzar, es el entorno natural de las criaturas, esto significa que es el contexto social, físico y emocional en y con el que más conexión sostienen, donde se sienten seguras y apoyadas las infancias. También es el grupo formado por el núcleo familiar quien más y mejor conoce a las criaturas, por lo que es una fuente de información absolutamente necesaria que debe ser reconocida como tal y cuya capacidad de entender y conocer a sus pequeños se debe potenciar.
Precisamente la calidad de esta relación dentro del contexto familiar es algo que favorece no solo el resultado de la intervención en atención temprana, sino que también es un factor protector para el óptimo desarrollo de las criaturas dentro de sus capacidades personales.
Así, no sólo la intervención e implicación de la familia es positiva para el proceso de apoyo que supone la atención temprana, sino que también lo es en el desarrollo posterior del menor y la propia familia.
Es decir, que la familia puede sumar de modo definitivo al apoyo de la atención temprana, y el que se sientan implicados en ello ayuda a un mayor sentimiento de capacidad de las propias familias en la crianza que, en muchos casos, presenta importantes retos vinculados al desarrollo de las criaturas.
¿Cómo incluir en las sesiones a las familias?
Para empezar, recibir a la familia junto a la criatura, recogerles entendiendo como están en ese momento para comprender así si las actividades y objetivos que hemos planificado se pueden llevar a cabo. Estos objetivos, actividades y materiales los debemos presentar a peque y familia para que sepan qué esperamos de cada uno y cómo debemos utilizar el tiempo y los materiales cada uno.
Durante el curso de las actividades, la idea es que la intervención principal la haga la familia y su criatura gracias al apoyo de quien aporta la sesión, así podremos escuchar las variantes y aportaciones que puedan llevarse a casa para continuar el trabajo en el entorno familiar si la actividad es replicable o adaptable.
Y, desde luego, cerrar con un momento en el que recojamos el sentir de cada uno con los objetivos, las actividades y la dinámica, planteándoles que lo hagan suyo en casa o en algún otro contexto en el que puedan replicar este tiempo de apoyo y convertirlo en tiempo familiar respecto al que nos aporten un valioso feedback.
¿Habéis vivido como familia sesiones así? ¿Y como profesionales?